Influencia de María Teresa del Toro y Alayza en la vida de Simón Bolívar

En el siguiente ensayo voy a hablarles sobre mi, una mujer no tan valiente como Manuela Sáenz, tal vez no tan seductora o coqueta como Fanny Du Villars; pero algo debemos estar seguros, si que fui importante  para el hombre que conocemos hoy día como “El Libertador”. Lo irónico es que no me conoció casi como él llego a conocer a las mujeres ya mencionadas en el párrafo, sin embargo yo era (según algunos): una bella dama madrileña,  señora dulce y talentosa,  esposa de Simón Bolívar: María Teresa del Toro y Alayza. La conquistadora del corazón del “Libertador”.

 

Nací en el año 1781, el 15 de octubre; bautizada con el nombre de María Teresa Josefa Antonia Joaquina, era hija de Bernardo Rodríguez del Toro y Benita de Alayza; con quien no pude estar por mucho tiempo ya que mi madre murió cuando yo era una jovencita.  Estaba vinculada con Venezuela ya que era prima de Francisco Rodríguez del Toro (además amigo de quien sería mi futuro esposo) un personaje reconocido de la independencia de la nación Suramericana ya mencionada. Según diversas personas e historiadores soy descrita como: una persona alegre, compresiva y con gran habilidad y talento.

 

Entonces sucede el hecho que  llevará a que  sea recordada en los libros de historia, cuando conozco  a Simón Bolívar “ El Libertador”, en Madrid en el año 1800, en casa del Marqués Gerónimo de Ustáriz  con quien Simón se estaba quedando en ese momento; entonces decidimos contraer nupcias lo más pronto posible. Aunque mi padre  no se oponía, pensaba que ambos éramos muy jóvenes y que debíamos intentar conocernos mejor, refiriéndose a que Simón tenía 17 y yo tenía 19 años.

 

Nos casamos en Madrid el 26 de mayo de 1802. La primera parte de la luna de miel lo pasamos en la misma cuidad, pero enseguida salimos a La Coruña donde tomaríamos un barco que nos llevaría a La Guaira donde desembarcamos el 12 de julio del mismo año. Estando en Caracas nos trasladamos directamente a la casa familiar de los Bolívar, me gustaba la propiedad de Simón en loa Valles de Aragua, por el brillo del sol que allí emanaba y por sus campos floridos; pero no podía estar muy seguido con mi marido ya que el debía ocupar su atención en la hacienda.

 

Pero nuestra felicidad fue efímera porque me empecé a sentir enferma, mi palidez era cada vez más notoria; Comenzaba los síntomas de mi enfermedad asesina: Fiebre Amarilla. Mi muerte sucedió  después de ocho días de fiebres continuas, el 22 de enero de 1803, Simón y yo sólo llevábamos 242 días en santo matrimonio, estás fueron palabras que dijo Simón cuando me observaba en mi lecho de muerte: “Yo contemplaba a mi mujer como un ser divino. El cielo creyó que le pertenecía y me la arrebató porque no era creada para la tierra” (Vinicio Romero Martínez, Cátedra Bolivariana 9no, 2007).

 

Fui sepultada en la cripta de los Bolívar en la capilla de la Santísima Trinidad de la  Catedral de Caracas, allí reposan todavía mis restos. Ante mi desaparición física no había consuelo para mi esposo y nunca hubo, años después diría: “Quise mucho a mi mujer y su muerte me ha hecho jurar no volverme a casar, e cumplido mi palabra” (Vinicio Romero Martínez, Cátedra Bolivariana 9no, 2007).

 

Se preguntarán como pude influenciar tanto a Simón Bolívar, el mismo lo responde en años posteriores a mi muerte:

Miren ustedes lo que son las cosas, si no hubiera enviudado quizás mi vida hubiese sido otra; no sería el general Bolívar, ni el Libertador, aunque convengo que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo… la muerte de mi mujer me puso muy  temprano sobre el camino de la política; me hizo seguir después el carro de Marte en lugar del arado de Ceres… (Vinicio Romero Martínez, Cátedra Bolivariana 9no, 2007).

Con lo que se refiere es que si no me hubiese muerto, Simón no se metería tan profundamente en la política como hizo posteriormente, incluso ni siquiera habría dejado Venezuela para hacer su  segundo viaje a Europa, donde desarrolló sus ideales independentistas, jamás habría hecho el juramento del Monte Sacro, nunca habría volcado su vida a luchar por la libertad de las Américas y de no haber sucedido ninguna de esas hazañas hoy en día, Venezuela ( posiblemente) aún sería una colonia  del  “ Imperio español ”.

 

Como dije previamente, tal vez no era muy seductora o valiente, nunca en mi vida consideré en pelear en una causa que nunca se pasó por mi mente; pero sin proponérmelo influí en la vida de mi esposo Simón Bolívar, quien no habría realizado esas hazañas si yo no hubiera muerto, y que es eso lo que me llevará a ser recordada en la historia, el haberme casado con “El Libertador” de varios países de Latinoamérica y el hecho de que, no importaba con cuantas mujeres  estuvo  posteriormente a mi desaparición física, nunca me olvidó y por ello ustedes nunca me olvidarán.

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